Hay algo que nos dicen muchas familias cuando hablamos de las fotos de Comunión:
«Nos encanta la idea… pero ese día todo va con prisas, nervios y mucho cuidado de no estropear el traje».

Y es totalmente normal.

Por eso, cada vez más familias eligen una opción que nos parece preciosa: hacer la sesión de Comunión en la playa, después del día de la celebración.

Sin horarios, sin presión y, sobre todo, sin miedo a manchar nada.

Cuando el traje deja de ser lo importante

El día de la Comunión tiene su magia, claro que sí.
Pero la sesión de fotos puede ser otra cosa muy distinta.

Puede ser un rato para parar, respirar y disfrutar.
Para que tu peque sea él o ella misma, sin decirle todo el tiempo «no corras», «cuidado», «no te mojes».

En la playa pasa algo muy bonito:
los niños se relajan, se olvidan de la cámara y empiezan a jugar, a reír, a correr por la orilla, a mojarse los pies… y ahí es cuando aparecen las fotos de verdad.

Las que hablan de cómo es hoy.

Después de la Comunión… ahora sí, a hacer «locuras»

Hacer la sesión después del gran día tiene una ventaja enorme: libertad.

Libertad para:

  • Correr sin pensar en el traje.
  • Sentarse en la arena.
  • Mojarse.
  • Saltar, reír, jugar.
  • Y disfrutar sin miedo.

Es en ese momento cuando dejamos espacio a las «locuras bonitas»: esas que no se planean, pero que terminan siendo las fotos favoritas de la familia.

No buscamos poses perfectas ni sonrisas forzadas.
Buscamos miradas, gestos, silencios, carcajadas…
Eso que hace único a tu peque en este momento de su vida.

Porque una Comunión no es solo una fecha en el calendario.
Es una etapa.
Y merece ser recordada con imágenes que tengan alma.

¿Conecta contigo esta forma de recordar?

Si sientes que esta manera de vivir y recordar la Comunión encaja con tu familia, estaremos encantados de acompañaros.

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